Evangelización a través del Canto

Josep Llamas cmf

I.- Peregrinación

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n grupo de diecisiete feligreses de nuestras parroquias de Osaka y Nagoya, peregrinó, el pasado mes de octubre (2004), a los lugares santificados por la presencia de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Se me pidió el acompañamiento espiritual de esta peregrinación. Ha sido para mí una experiencia nueva y, por cierto, del todo positiva. En mis actividades pastorales casi siempre encuentra cabida la música religiosa y litúrgica, cantada a voces entre todos los participantes. Ya se puede suponer, por tanto, que un elemento fundamental de nuestra peregrinación fue el canto. Durante la peregrinación cantamos mucho, siempre, sin excepción, a cuatro voces mixtas. Nuestro repertorio estaba constituido por cantos de Takata Saburô (*) escogidos del cantoral litúrgico japonés y cantos de Taizé. Nos servimos de un librito de 44 páginas que preparé al efecto. Contenía todos los cantos necesarios para las celebraciones eucarísticas y otros momentos de la peregrinación.

Antes de partir, los peregrinos tuvimos tres encuentros preparatorios. Una parte del encuentro consistió en la presentación de los dos santos carmelitas y de las principales características de su espiritualidad. A partir de la gran “peregrinación” del pueblo de Dios hacia la Tierra Prometida, expliqué también qué es una peregrinación y los elementos característicos que la diferencian de cualquier otro tipo de viaje.

Naturalmente, aproveché la oportunidad para ensayar nuestros cantos. Tuvimos también tiempos de adoración ante el Santísimo expuesto. Aquí empezamos a usar ya los cantos de la peregrinación sobretodo los que serian su leitmotiv: los cantos de Taizé “Nada te turbe” y “De noche iremos” que aprendimos en español, prácticamente de memoria. Estos dos cantos los cantamos cada día, a veces más de una vez, durante la peregrinación.

Así preparados, la mañana del 25 de octubre (2004), nos encontramos los peregrinos en el aeropuerto Kansai de Osaka. Antes de emprender el vuelo hicimos un corro un poco apartados de la gente procurando no llamar la atención. Cantamos a media voz el “Nada te turbe”, invocamos la protección de Maria y finalizamos con el canto de “Id por todo el mundo a anunciar el Evangelio” de Takata Saburô. Unas horas mes tarde, ya de noche, en el autobús que nos llevaba de Barajas a un hotel madrileño entonamos de nuevo Nada te turbe” y “De noche iremos”.

Todos los días tuvimos misa cantada. En el autobús repasábamos los cantos del día. En Toledo, en la Iglesia de los Padres Carmelitas, a media misa entró una señora que se quedó cerca del grupo, pero medio escondida tras una columna. Al terminar la misa se nos acercó diciendo que no podía resistir el deseo de decirnos que estaba maravillada: “Pertenezco a un coro desde hace muchos años y nunca hemos cantado tan bien como ustedes”. Le tuvimos que explicar que nosotros no éramos ningún coro, sino simplemente un grupo de peregrinos, y que más que cantar, orábamos. 

Siempre que las circunstancias lo permitían, en los restaurantes o en el hotel, cantábamos la bendición y acción de gracias de la comida. En un restaurante se fue haciendo silencio a medida que nuestra acción de gracias, cantada a media voz  llegaba a oídos de los otros comensales. Al concluir la acción de gracias nos aplaudieron. Nosotros entonces les cantamos de “encore” el “Nada te turbe”. La gente no salía de su asombro ante aquel grupo de japoneses que también cantaba en español. En las iglesias que visitamos, que no fueron pocas, cantábamos algún canto ante el Santísimo. Supongo que el ambiente que creaban nuestros cantos, aunque fueran en japonés, movía también el corazón de las otras personas que se acercaban a visitar al Señor, a veces atraídas por nuestros cantos a media voz para no molestar a nadie, y que precisamente por esto creaban un ambiente de recogimiento especial.

En el grupo de peregrinos había tres no-cristianos, parientes de otros peregrinos. De todas maneras quisieron participar en nuestro viaje. Quedaron muy impresionados por la experiencia y se integraron completamente y con mucho gusto a nuestra oración y a nuestros cantos. Por otra parte, estoy seguro de que nuestra peregrinación fue evangelizadora a través del canto no tan solo para ellos y para el resto del grupo sino también para otras personas que ocasionalmente se encontraron con nosotros.


(*) Takata Saburô (1913-2001) Compositor japonés de música coral, muy popular entre los coros del país. Bautizado en la Iglesia Católica a los 40 años. Cuando después del Concilio Vaticano II se preparó el nuevo cantoral litúrgico japonés, él fue el principal colaborador. Sus cantos litúrgicos, que sobrepasan el centenar, son de gran calidad musical y litúrgica. Normalmente aparecen con notación para dos o cuatro voces mixtas y acompañamiento de órgano. Estos cantos también estan editados para tres voces femeninas. Gran parte de los cantos litúrgicos de Takata Saburô son usados en todas las parroquias del Japón. Diversos coros han publicado extensas grabaciones de estos cantos. Incluso hay coros dedicados exclusivamente a promoverlos.


II.- Vísperas del Domingo

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n la parroquia de Sekime, una de las cuatro que los claretianos servimos en la zona norte de la ciudad de Osaka, cada cuarto domingo de mes se celebra solemnemente la Liturgia de las Horas: Segundas Vísperas del domingo.

Para los que quieren, ensayamos las diversas partes de la celebración desde una hora antes. Llegado el momento, reunido un buen grupo de feligreses de nuestras parroquias, voy a revestirme y acompañado de dos acólitos con el incensario humeante nos dirigimos hacia el altar mientras el órgano nos recibe con unos suaves acordes que invitan al recogimiento y a la oración.

Llegados a la sede entono el “Dios mío ven en mi auxilio”. Todos responden a cuatro voces mixtas “Señor, date prisa en socorrerme”. El que asiste por primera vez queda impresionado ya con esta primera respuesta. No sólo por la belleza y solemnidad de la oración de la Iglesia y de la música de Takata Saburô, sino también por el hecho de que aquí cantan todos. No se trata de ningún coro o schola cantorum. Entre todos hacemos las cuatro voces. Las vísperas duran una media hora. Las antífonas, responsorio breve y las intenciones de la oración de los fieles las introduce un solista. Yo canto lo que toca al presidente, un lector lee la lectura de la Sda. Escritura. Lo demás, lo que corresponde al pueblo, se canta íntegramente a voces.

Todo esto empezó cuando durante nuestra peregrinación carmelitana hicimos una escapada hasta Santo Domingo de Silos. Asistimos a las Vísperas del sábado y Laudes del domingo en el monasterio. El canto de los monjes, impecable. La iglesia llenísima para las Vísperas, no tanto para los Laudes. Pero solo cantaron los monjes. Más tarde, entre los peregrinos salieron diversos comentarios. Yo sugerí: ¿por qué no intentamos nosotros cantar las vísperas aunque sólo sea una vez al mes, pero entre todos y a cuatro voces? Hice un poco de llamamiento, de palabra y con posters, por las parroquias. El cuarto domingo de enero de este año empezó a tomar cuerpo nuestro propósito.  Nos reunimos más de cuarenta personas. La primera vez no todo salió perfecto. Pero todos quedamos impresionados por la intimidad y belleza del ambiente de la celebración. No teníamos nada que envidiar a los benedictinos de Silos.

Nosotros éramos tan solo un grupo de feligreses de las parroquias del norte de Osaka, animados por unos cuantos entusiastas de la Liturgia de las Horas y del canto litúrgico de Takata Saburô. Pero habíamos conseguido algo que seguramente se hace en pocas partes: cantar las vísperas entre todos los asistentes a cuatro voces. Han pasado algunos meses. Se mantiene la asistencia y, naturalmente, hemos mejorado en el canto, y los que no conocían la Liturgia de las Horas se han ido aficionando a esta oración de la Iglesia.


III.- Adoración del Santísimo

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uestra peregrinación tuvo todavía otro fruto. Antes de emprenderla, como dije, nos reunimos por tres veces. En estas reuniones de preparación hubo un tiempo de adoración del Santísimo con exposición mayor. Buena parte del tiempo pasado ante el Señor lo empleamos cantando cantos de Taizé y de Takata Saburô.

Al regresar de la peregrinación hablamos sobre la posibilidad de seguir con la adoración del Santísimo, una vez al mes, pero invitando también a otros feligreses. El hecho de haber estado proclamado éste el Año de la Eucaristía y el deseo del papa Juan Pablo II en su exhortación “Mane nobiscum Domine” nos animaban a intentarlo. Dicho y hecho. A partir de enero y cada segundo domingo, en nuestra iglesia de Imaichi hemos organizado esta reunión de oración. Previamente, como en el caso de las vísperas de la parroquia vecina de Sekime, invité a los feligreses de nuestras parroquias, de palabra y con vistosos posters. Hemos llegado a reunirnos unas sesenta personas. La oración se desenvuelve más o menos de acuerdo al esquema de Taizé aunque también tienen cabida los cantos de Takata Saburô: exposición, cantos repetitivos, breve lectura bíblica, tiempo de silencio, oración de los fieles, etc. y bendición final con el Santísimo.

Gracias al entusiasmo de un pequeño grupo de diecisiete peregrinos, y sirviéndonos del canto, han nacido estas humildes iniciativas de oración en dos de nuestras cuatro parroquias de Osaka. Alabado sea Dios. Amén.