Claretianos en Nagoya: cimentando la comunidad.

Jaime A. Cisneros. CMF

Untitled20Os escribo desde Nagoya, donde estamos 2 claretianos adscritos a la Casa de Hirakata en Osaka, distante unos 200 kilómetros.

 

Básicamente, nuestro trabajo se centra en las actividades pastorales. Trabajamos los dos en la parroquia de Midorigaoka. Yo como párroco y el padre Fradera como colaborador, aunque él se desplaza una vez al mes a tres lugares distintos para ayudar en la Misa de español y portugués. Yo atiendo, además, desde hace un año la parroquia vecina, debido a que el párroco renunció por motivo de enfermedad y edad avanzada.

Aunque somos una “mini—comunidad”, llevamos una vida muy sencilla. No tenemos personal de servicio, y tanto el lavado de ropa como la preparación de alimentos lo hacemos nosotros mismos. Actualmente estamos viviendo en lo que es propiedad del kindergarten, la obra educativa fundada por los Claretianos, y que está, desde hace unos años, bajo la dirección de un seglar.

Hace 6 años que se construyó la nueva Iglesia, y comenzaron las actividades parroquiales en los locales construidos en un terreno que, siendo propiedad del kindergarten, se intercambió por la propiedad de la Congregación, donde hasta entonces se ubicaban la Iglesia y la casa residencia de los misioneros.

Untitled21Aunque el proyectado complejo parroquial aún no está terminado, se espera que en un próximo futuro los fieles puedan concluir lo que falta. En el futuro se contará con un segundo piso donde los misioneros tendrán su residencia.

Los fieles han desistido llevar a cabo la obra según el plan original por ser muy grande y costoso. Se llegó al acuerdo de ampliar la Iglesia unos 4 metros de lado, y acondicionar para que, en las grandes fiestas o en funerales, se pueda alargar otros 6 metros gracias a un sistema de pared corrediza. El aparcamiento tiene capacidad para unos 20 automóviles.

La ciudad de Nagoya, con una población de más de 2 millones de habitantes, se encuentra en la prefectura de Aichi, y cuenta con un aeropuerto internacional, Chubu. Por la industria automotriz, la zona cuenta con una economía fuerte que ha atraído mucha mano de obra extranjera. Sólo en la ciudad de Nagoya se cuenta con la presencia de unos sesenta mil inmigrantes entre los cuales hay más de seis mil brasileños, unos mil peruanos, seis mil filipinos, más de dieciséis mil chinos, de los Estados Unidos de Norteamérica más de mil, de Corea (Sur y Norte), el mayor grupo, unos veintidós mil, y de países varios unos ocho mil. El trabajo de la Iglesia Católica en Japón se ha visto urgido, desde hace unos 15 años, por la atención a los fieles inmigrantes. Los Claretianos no nos hemos hecho sordos a dichas voces. En las dos parroquias que animamos tenemos oportunidad de colaborar en esta pastoral. En Midorigaoka, parroquia con unos 250 fieles japoneses, tenemos un buen número de latinos, en particular peruanos. En Narumi, parroquia con unos 500 fieles nativos, se cuenta con varias familias formadas por matrimonio internacional entre filipinos y japoneses, y los fieles están comprometidos en facilitar la integración y atención a los inmigrantes en general.Untitled22

  Yo formo parte de la Comisión para Refugiados y Emigrantes de la Diócesis, y colaboro en lo que haga falta, como son traducciones o hacer de intérprete.

  Esta Comisión organiza, cada año, dos encuentros de tipo religioso-cultural, y un seminario de investigación con temas sobre la problemática socio-laboral, o de adaptación a la Iglesia local. Se motiva la participación tanto de los japoneses como de los inmigrantes, y se intenta tomar conciencia de que todos somos fieles que estamos “juntos, en marcha”, frente a la actitud exclusivista de que unos son “nativos” y otros “extranjeros”. En la Misa, que preside el Sr. Obispo, se utilizan lenguas diversas tanto para los cantos como para las lecturas, y la homilía, que dice el Obispo en japonés, la tienen los fieles traducida. Acabada la Misa se pasa al intercambio cultural donde hay canto, danzas folklóricas y ricos platillos regionales.

Pienso que nuestra presencia claretiana en esta Diócesis es importante, no sólo por la riqueza del enfoque pastoral que tiene, atención a los inmigrantes, sino también porque nos ayuda a no quedarnos reducidos a la Diócesis de Osaka.

Volviendo a la Iglesia de Midorigaoka. Cuando a mí me mandaron a este lugar hace más de 3 años, me comentó en cierta ocasión el padre Félix, entonces Superior de la Delegación, que me enviaba a Nagoya para “construir la comunidad cristiana, y no para construir edificios”. Aunque quedaba pendiente el terminar las obras, estas palabras me dieron luz para centrarme en lo primero. Con todo, después del primer año y al paso de los meses, se dejó ver la conveniencia, y en parte la necesidad, de tener lista la vivienda de los misioneros. Esta necesidad era cada vez más urgente, dado que el vivir en el edificio de la institución educativa no se podría alargar por mucho tiempo, de acuerdo a las directrices de las autoridades educativas estatales.

Untitled23En cuanto se terminó de devolver un préstamo, que se pidió al Obispado, para la primera fase de la construcción de la iglesia, se comenzó a sondear el modo de llevar adelante la obra. Harían falta unos 30 millones de yenes (1 US$ = 120 yenes). No se puede ignorar el sacrificio económico que esto supone para esta pequeña comunidad de fieles. Como un posible camino pregunté al entonces Superior Delegado, P. Félix Martínez, sobre la posibilidad de un préstamo, sin réditos, de parte de la Administración de la Delegación. Habiendo obtenido una respuesta afirmativa, lo comuniqué a la Junta Parroquial, que se alegró y comenzó a dar los pasos necesarios. Estamos en el proceso de discernir y quiera Dios que esta pequeña gran obra se pueda consumar en un tiempo cercano.

 

Termino, pidiendo sus oraciones.